Re-latos de Basi (6): QUÉ ES LA LOCURA
- 12 jun 2017
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Todos podemos, en cualquier momento, caer en la locura; y esta afirmación es totalmente ajena a factores externos como edad, sexo, estado civil, etc… así es que pongámonos las pilas porque esto te pude afectar tal vez a ti en algún momento de tu vida.
La sociedad, que tan mal trata a nuestro colectivo, porque nos estigmatiza a causa de su ignorancia y nos recluye para que en momentos de crisis no molestemos, es la primera que debería de dejar de poner paños calientes y abordar el tema fríamente. Sobre todo, en cuestión laboral, porque somos un colectivo muy amplio en cuanto al número de afectados pero a la vez, y eso es lo nos enriquece, muy variopinto y heterogéneo. A la sociedad le interesa y a nosotros también.
Un loco activo y trabajando es un loco del que la sociedad no debe preocuparse o tiene que preocuparse menos porque la actividad, la rutina, el sentirse útil, en definitiva el estar integrado laboralmente es positivo para las dos partes. El Estado podría destinar el dinero que se ahorra de esas personas trabajando, porque estaríamos cotizando, en revertir esas mismas prestaciones en otras personas que con malestar psíquico no pudieran trabajar. Porque en nuestro caso seguridad económica es también sinónimo de salud mental, como ha dicho también mi compañero en la otra intervención. Ora et labora decían los benedictinos. Rezar para no recaer, el que sea creyente, y trabajar para mantener la mente ocupada porque cuando el diablo no tiene nada que hacer espanta moscas con el rabo. Pues eso mismo decimos nosotros, que la ociosidad para cualquier persona es muy peligrosa, pero para un psicodoliente más todavía, porque la imaginación es libre y en nuestro estado más todavía.
La locura es también cuestión de cantidad en el sentido de que se considera normalidad a lo que predomina, a lo que está integrado en el sistema; a lo que es minoritario se le etiqueta de friki y ¿qué es un friki sino un loco, un pirao por algo? En nuestro caso se nos llama locos, pero se nos etiqueta para que seamos fáciles tanto de reconocer como de medicar y tratar. Para que estemos controlados. Cuando en la vida diaria alguien comete algún acto que está fuera de la normalidad se suele decir: ese ha cometido una locura y nos quedamos ahí sin profundizar más en las causas o en el por qué. Cuando a una persona se la llama loco tampoco interesa qué es lo que realmente le pasa o cómo ha llegado a esa situación, nos quedamos en la superficie porque, preguntarle a alguien por la calle qué es la esquizofrenia o qué síntomas tiene un psicótico o una persona esquizo afectiva. No tienen ni idea. El estigma no nos lo vamos a quitar hasta que la sociedad no conozca más a nuestro colectivo. Porque lo que no se conoce provoca miedo y si no miedo sí intranquilidad e inquietud.
Actualmente el tratamiento para la locura, dentro del sistema sanitario, tiene una buena cobertura lo que pasa es que dependiendo de la comunidad en que te dé el primer brote, el debut, te van a tratar de una forma u otra. No es lo mismo, a nivel de asistencia y medios, ser un loco en Valladolid que ser un loco en la Región de Murcia porque la forma de abordar la locura por los profesionales es completamente distinta. Y no lo entendemos porque para un paciente con colesterol alto, tanto aquí como en Galicia va a ser tratado con una estatina. Por qué no sucede esto también con las enfermedades mentales. Por qué no tener los mismos protocolos aquí que en Albacete, por qué no unificar criterios. A nivel de fármacos ocurre un tanto parecido porque es un hecho que si a un esquizofrénico le puede sentar bien el risperdal a otro con el mismo diagnóstico le puede venir mejor el leponex o el xeplión. Si la psiquiatría está dentro de la medicina y ésta es una disciplina científica que alguien nos explique por qué a igual diagnóstico no igual tratamiento. Y ya que hablamos de la medicación tenemos derecho a negarnos a tomárnosla porque también es un hecho demostrado y demostrable que a las personas con malestar psíquico nos han dado brotes tanto con medicación como sin ella. Ahí dejamos esa perla.
Pero desde luego lo que sí tenemos claro es que menos tratamiento y mejor trato. Porque ¿qué me decís de las plantas públicas de agudos que tenemos aquí en la Región de Murcia? Mucho Murcia que bonica eres pero no os recomiendo que paséis una temporada en la unidad de agudos, por lo menos como usuarios, porque es penoso. Vamos que podéis olvidaros de lo que es el sol, las nubes, la brisa y las estrellas porque no disponen de lugares abiertos, tan necesarios en personas con nuestro diagnóstico. Quiero decir con personas que no requerimos estar encamadas. Con lo bonico que sería una unidad de agudos con un jardín donde pasear y hacer más agradable nuestro paso por la planta de psiquiatría. Realmente no saben qué hacer con nosotros y a personas tan dispares como las diagnosticadas con depresión crónica con esquizofrenia o incluso personas que se han autolesionado o que provienen de la cárcel nos meten en la misma planta y ¡ala! Apáñenselas ustedes.
Si estamos estancias largas o engordamos cinco o seis kilos o adelgazamos esos mismos kilos porque o nos da por comer o por no probar plato; y la comida, no digo yo que la traigan del Bulli, pero sí con un poco de calidad para que por lo menos ese momento del día sea un poco placentero. También desde este foro queremos reclamar una sala para hacer un poco de deporte porque el ejercicio incluso debería estar prescrito por los sabios centinelas de nuestra enfermedad. Genera sustancias que provocan felicidad y cansa; sobre todo esto último, cansa, para no tener que ir tan empastillados por las noches, podamos dormir y que por lo menos no se nos caiga la baba ya a las once de la noche. Un poco de dignidad para con nosotros.
Y ya que estamos envalaos, ¿Por qué no hablar de las contenciones mecánicas y de las electroconvulsiones? ¿No está la Medicina lo suficientemente avanzada, preguntamos nosotros, para evitar ambos procederes antediluvianos? Porque para nosotros utilizar la fuerza contra un paciente es perder la razón y las maneras, lo prescriba quien lo prescriba. Venga la orden de donde venga. Porque es indignante, penoso, nos provoca sufrimiento innecesario y se realiza para que no molestemos más de lo necesario. En esos momentos somos un grano en el culo del sistema sanitario porque si no, no se explican esas prácticas decimonónicas que utilizan algunos llamados profesionales de la salud mental. Porque la locura es un estado transitorio al igual que en la mayoría de los casos el paso por agudos es esporádico, aunque para otros sea recurrente. Haber hay de todo como es público y notorio. Pero lo dicho, amarrar a alguien porque no se quiera tomar la medicación o porque no se quiera duchar por las mañanas me parece un método rastrero por el mero hecho de que los profesionales de la salud mental en el sistema actual tienen un poder que en otras circunstancias no ostentan los médicos de otras especialidades.
Porque y siguiendo con el trato, ¿os habéis planteado que a lo mejor una persona con malestar psíquico lo único que necesita es a alguien que la escuche?, con su silencio o con sus palabras de consuelo pero que escuche lo que le pasa en esos momentos por la cabeza, lo que le atemoriza, lo que le preocupa. Porque en esa coyuntura lo que necesitamos no es medicación, ni electroconvulsiones, ni contención mecánica sino alguien que se interese de verdad por lo que nos pasa y por lo que nos hace sufrir, porque no tengáis duda de que sufrimos. Sufrimos por nuestros padres y hermanos que padecen la enfermedad con nosotros, sufrimos porque no sabemos si nos vamos a recuperar bien de ese brote en el que estamos inmersos, sufrimos hasta cuando estamos estables porque la enfermedad mental es muy traicionera y nos puede sorprender en cualquier momento, ya sea estando medicado o sin estarlo, porque vivimos en el filo de una navaja, bajo la espada de Damocles. Por no decir de lo que perdemos. Perdemos tener en la mayoría de los casos un trabajo estable que nos permita realizarnos como personas y poder tener una vida siquiera un poco digna; perdemos tener en la mayoría de los casos una formación adecuada para ocupar un puesto acorde con nuestras aptitudes y actitudes; perdemos en la mayoría de los casos tener un núcleo familiar propio que nos dé cariño, seguridad y opción de realizarnos en ese ámbito. Perdemos incluso en algunos casos hasta nuestra capacidad de realizar actos jurídicos por estar tutelados. Así de claro y así de crudo.
Por eso y volviendo con lo que comentábamos al principio tenemos que dar al psicodoliente la oportunidad de elegir lo que quiere hacer con su vida: si quiere ir a un centro de rehabilitación, si quiere trabajar, si quiere seguir formándose o darle la oportunidad si está en una fase depresiva de no hacer nada, de vivir su malestar como ella decida, pero por lo menos darle esa oportunidad de elegir. Si tanto mira la administración por nosotros que nos dé esa oportunidad porque para nosotros la locura es eso, la oportunidad de ver la vida desde otro prisma, desde otro punto de vista a los que los simples mortales, para su suerte o para su desgracia, no tienen acceso; es como una puerta de la que solo nosotros, los psicodolientes, tenemos la llave. Ayúdennos a tenerla cerrada.
















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